martes, 21 de septiembre de 2010

Como influimos en nuestro entorno



Somos seres de relación, todo nuestro mundo gira en función de relaciones. Tenemos relación con todo; con nosotros mismos, con la familia, con los amigos, con la comunidad, con la naturaleza, con lo divino.
Por consiguiente nuestro comportamiento en este mundo de relaciones genera una influencia en cada una de ellas. Y así de igual manera que influenciamos nuestro entorno, el también produce efectos sobre nosotros, y estos efectos pueden ser tanto negativos como positivos. Con las noticias y comentarios que escuchamos, las imágenes que vemos, muchas veces hacen que nuestro ánimo no sea el mejor para encarar los desafíos que la vida nos presenta.
Pero tenemos que entender que el verdadero secreto está dentro de nosotros, no podemos dar lo que no tenemos. Si no hay un conocimiento interior de nuestras posibilidades, de que seamos capaces de alcanzar un objetivo, o superar un malestar que condiciona nuestras vidas, entonces será imposible influir positivamente en los seres que nos rodean.
Primero tenemos que estar convencidos de que podemos lograr nuestras metas. Si en verdad deseamos cambiar las cosas malas que hay en el mundo, comencemos por sacarlas de nuestra mente y corazón. Si logramos esto, a partir de este momento estaremos comenzando a generar esa influencia en nuestro alrededor. Si tienes poca influencia conseguirás poco, si tienes mucha influencia, mucho conseguirás.
Nuestra fuerza de voluntad, nuestra convicción es mucho más potente de lo que creemos. Si logramos canalizar bien es muy probable que influyamos positivamente en los seres, para que estos deseen cambiar, en vez de verse forzados a hacerlo como método de sobrevivencia.
Nuestro trabajo es comenzar humildemente a desarrollar una comportamiento espiritual, que logre llevarnos a ser mejores padres, hijos, hermanos, ciudadanos; expandiendo y generando paz, equilibrio, bienestar y prosperidad donde nos encontremos.
La divina madre está buscando medios por los cuales pueda plasmar su gran obra, nosotros sus hijos estamos llamados para hacerlo, siendo cada vez más dignos de ella y asumiendo el compromiso de manifestar su mensaje al mundo, con nuestras acciones diarias.
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