jueves, 15 de octubre de 2009

El despertar del Ser


El despertar del Ser nace a través de un trabajo interno, sobre sí mismo.
Donde se vive voluntariamente el Camino de la Renuncia y la Mística del Corazón.
En el día a día, fijando la atención consciente en todos los actos, pensamientos
y pensamientos que se manifiestan de momento a momento, de instante a instante.
Con la ayuda de la Divina Madre, en presencia de ella, en todo momento,
renunciando honestamente a todos esos miedos, preocupaciones, penas,
perezas,glotoneria, lujuria, avaricia, vanidad, orgullo...

Y así poco a poco va despertando y acrecentando la esencia- la consciencia-
el alma- el niño interior -el Ser.
Modificando nuestras circunstancias, situaciones, nuestro destino y entorno.
El despertar del Ser es el paso a un estado de consciencia elevado, superior,
que nos integra con el todo, generando otros campos de posibilidades.
Donde las energías se canalizan por un bien común, con una actitud participativa e inclusiva.

Al acentuar las bases del trabajo interior, el compromiso y el anhelo de la Mística del Corazón se hace cierto.
El hábito de la oración, de la meditación, de la ofrenda, de la reflexión y el estudio esóterico se hace disciplina.






Antes de llegar a este camino espiritual sentía en mi interior un llamado y sentí que algo me faltaba, transcurrían los días y los años y no lograba descifrar cuál era esa carencia y así fue como asistí a varias religiones.



Tengo ya muchos años practicando un método espiritual y siento que han sido muchos los cambios que han ocurrido en mi Ser. Ahora tengo un estado de conciencia mayor, puedo controlar muchas de mis emociones, estoy atenta a la manera cómo puedo ayudar a los Seres que conviven conmigo, puedo mantener un equilibrio interior cuando en mi exterior haya una tormenta.

No quiero decir con esto que soy un Ser perfecto, sino que voy trabajando día a día con mis emociones, mis sentimientos, mis pensamientos y mis acciones. Es allí donde esta nuestro crecimiento interior, ir trabajando día a día, permanecer atentos y sobre todo que el trabajo espiritual este unido a las relaciones de cada día con todos los seres que nos acompañan.





A lo largo de la vida nos relacionamos con maestros que nos dejan color, experiencias, apoyo, alegría, admiración y sabiduría.

Vamos impregnándonos del sutil perfume que deja su paso por nuestras vidas, convirtiedonos interiormente en una bella galería de arte, muchas veces sin percibirlo siquiera.
Y un día cualquiera, en medio de una búsqueda, una necesidad de cambio, un dolor, un vacio, un silencio; tomamos la llave de ese espacio colmado de riquezas, y te maravillas, te sorprendes, buceas interiormente entre los recursos que siempre estuvieron allí, recursos heredados, aprendidos, adquiridos. Abres las ventanas del alma, limpias, ordenas, buscas, te enriqueces, aprendes, compartes…y creces…y nada vuelve a ser igual.
Porque el despertar, el ocuparse, el comprometerse, el crecer y al amar iluminan la más bella creación: El Ser.

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